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Monjas y Vid:
La reina navarra doña Blanca constituyó en Marcilla hacia el 1180 un Señorío con todas las de la ley, y nombró dueñas del mismo a las monjas del císter. Los fueros del Señorío estaban bien determinados: ellas mandaban en todo el territorio, a ése monasterio estaban sujetos todos los vecinos para la cuestión de arriendos, ventas y compras y demás menesteres de la vida pública.
Dos siglos y medio llevaba el Señorío, próspero y feliz de las monjas, cuando un rival poderoso tuvo la audacia de maquinar contra su existencia.
Disfrutaban de tan amplia y absoluta donación, con todos sus privilegios... hasta el año 1407, que reynando en Navarra Carlos III de este nombre, y siendo obedecido por el Papa en los reynos de España Pedro de Luna (aunque declarado antipapa en el concilio de Pisa), pudo aquel componer con este que desterrasse á las Monjas de este su Monasterio al de Cambron, a instancia de Mosen Pierres de Peralta... para entrar el en posesión del Señorío de la Villa de Marcilla, que era propio de tan venerables señoras. Facilitose esta ignominiosa expulsión y cruel destino con cierta acusación que contra las Religiosas inventó el poder, la codicia y la desordenada ambición; pues con precipitado empeño se les imputó crimenes que hicieron constar como ciertos siendo falsos. Y en vista dellos se dió sentencia para que saliesen de su Monasterio y se trasladasen al de Cambrón y Oterce de la misma Orden, que eran los mas proximos.
A continuación relata el P. Fabo, Llegado el día prefijado, se les intimó la orden de que abandonaran el monasterio, se reunió la Comunidad y bajaron a la huerta llorosas y muy abatidas al ver su inocencia ultrajada por los ambiciosos y tener que dejar aquella mansión llena de místicos encantos. El P. Paternáin cuenta que al llegar las religiosas a la misma puerta del postigo se arrodillaron todas y se pusieron en oración y que vuelta la abadesa á la vid ó parra que allí había, dixo: A tí, oh insensible aunque viva planta, pongo por testigo... si son verdad los crímenes que nos imputan, seguirás dando fruto, y si son falsos... sobre tí recaiga la maldición de Dios y de Nuestra Reyna María de la Blanca, para que jamás se vean llegar á perfección tus racimos. Y desde entonces no dió buen fruto. Hoy, la parra forma parte del escudo de Marcilla, junto al castillo.
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