Orígenes:

De la mucha antiguedad de Marcilla

“De su fundación no hay más datos que la opinión de varios historiadores, que unos remontan su antiguedad a la época del imperio romano, y otros al gótico, y aun hay quien la coloca después de la invasión de los árabes; de suerte que es imposible determinar su verdadero principio”. Así se expresa José Nadal Gurrea, en su obra Glorias Navarras.

Esta Villa, situada al sur de la merindad de Olite, en Navarra, participa de las características de la Ribera, limitando al sur con Funes, con Caparroso por el norte, con Peralta por el oeste y con la merindad de Tudela por el este. Sus orígenes son inciertos, datando las primeras noticias históricas dignas de crédito de la Edad Media. Entre ellas cabe señalar la concesión en 1120 por parte de Alfonso I el Batallador, de los mismos Fueros que disfrutaba Calahorra. Su sucesor, García Ramírez el Restaurador donó al obispo de Pamplona, don Lope, la villa de Marcilla. Posteriormente, en torno a 1160 por iniciativa de la esposa de Sancho el Sabio, doña Sancha, se funda un monasterio de monjas cistercienses, a quienes se les convierte en dueñas del señorío de Marcilla hasta el año 1407.

Anterior a estas fechas, dice el P. Fabo que “volviendo ya victorioso para Toledo (el rey godo Gundemaro), su Corte, al passar por aquel sitio Ridiense, en donde venció primera vez a los arrianos, le vino de repente á su alma una inspiración del Cielo para que en aquel propio lugar edificasse un Monasterio de Monges baxo la regla del Legislador S. Benito, donde se colocasse aquella devota Imagen de Santa María de la Blanca...”. Basándose en el Rmo. P.M. Argaiz, monge benedictino de la Congregación de España y Coronista de su Religión, el padre Fabo sostiene que este monasterio corresponde con el de Marcilla.